Miénteme!

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En un mundo cada vez más contaminado y hormigonado, despreciar las necesidades estéticas, hacer caso omiso de la sensualidad y la calidad perceptiva, dificulta terriblemente la reorientación hacia la sustentabilidad. Sin belleza no cabe imaginar una vida humana cumplida.
Jorge Riechmann
 
“—¿A cuántos hombres has olvidado? —A tantos como mujeres tú recuerdas. —¡No te vayas! —No me he movido. —Dime algo agradable. —Claro. ¿Qué quieres que te diga? — miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo. —Te he esperado todos estos años. —Dime que habrías muerto si yo no hubiera vuelto —Habría muerto si tú no hubieras vuelto. —Dime que me quieres todavía, como yo te quiero. —Te quiero todavía como tú me quieres. —Gracias. Muchas gracias.”
[Johnny Guitar, 1954]


CC by doyle_saylor www.flickr.com/photos/doyle_saylor/

…Dime que puede venir la prosperidad o la sustentabilidad o la liberación humana, como vendría el buen tiempo en una primavera cálida… Pero lograr metas valiosas, o evitar lo peor del desastre hacia el que nos estamos precipitando, no cuadra con esa voluntad de autoengaño: tiene que ver con la acción –o con la inacción— humana. La esperanza se anuda con lo que hagamos o dejemos de hacer, con nuestras resistencias, nuestras luchas y nuestras formas creativas de estar juntos. La principal razón para la esperanza es que la gente se rebele contra el fatalismo de lo peor: mucha más gente de la que lo está haciendo ahora, en los pequeños grupos que este execrable sistema se complace en llamar “antisistema”.

Soledad Gallego-Díaz recordaba recientemente unas líneas del ensayista José María Ridao en su libro de 2002 La elección de la barbarie: “De la misma manera que el futuro no está determinado para lo bueno, tampoco lo está para lo malo, y tan funestos resultados pueden provocar una creencia como la otra. (…) La barbarie no sobreviene, se elige”, afirmaba Ridao, y Gallego-Díaz insiste: “Lo que sucede no está a merced de una hipotética ley universal de la destrucción, y quienes pregonan ese fatalismo lo que reclaman es que nos sintamos insignificantes y renunciemos de antemano a la resistencia. Que dejemos de preguntarnos que detrás de cada acción hay una responsabilidad, y detrás de cada responsabilidad, un responsable.”

El desastre socio-ecológico en que estamos no ha sucedido como una catástrofe natural: tiene responsables que lo han buscado activamente (quizá diciendo que es un inevitable “daño colateral” de la necesaria búsqueda del “progreso”), y demasiada gente que ha consentido. No ha sido por casualidad, ni por falta de conocimientos. Por lo tanto, es necesario recuperar, desde un punto de vista histórico, las nociones de sostenibilidad y crecimiento en relación al medio ambiente. En este ámbito, así como en otros, la historia que se ha transmitido y que se ha instaurado como paradigma dominante es parcial y al servicio de los poderes fácticos. Sin embargo, hay posibilidad de rescate.

Como decía Walter Benjamin, la salvación de la apariencia y la dimensión del recuerdo constituyen un todo: es ahí donde radica la conexión entre temporalidad y dimensión estética.

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