Sobre autores sobreautorizados

Publicada en Publicada en Apuntes

Tres referencias básicas para el desmantelamiento de la idea de autoría de nuevo cuño -el autor-propietario-, que se impone definitivamente a partir del siglo XVIII (libreros londinenses + reivindicaciones «revolucionarias» en Francia, con Beaumarchais a la cabeza):

  1. Foucault, «¿qué es un autor?«, vincula la invención de la función-autor al control del orden del discurso; se trata de controlar lo que se enuncia, y a la vez construir un filtro que permite legitimar desde la atalaya ciertos discursos, y deslegitimar (prohibir, en el caso de las censuras) otros. Podemos pensar en la negación mediática de ciertos argumentarios políticos, como ejemplo de esta operación, a partir de su vinculación con movimientos estructurados fácilmente «anulables». Un error construye una imagen del (supuesto) sujeto que enuncia, lo cual anula posteriores afirmaciones.
  2. Barthes, «La muerte del Autor», texto que prepara la operación deconstructiva, con la liberación del texto y la apertura del significante. La apropiación del «sentido» del texto no tiene «sentido». Recuerda el concepto de herencia, poco presente en los debates hoy.
  3. Derrida, que entiende la firma como la cicatriz/huella de la pérdida de propiedad sobre el texto-máquina. En una desvinculación radical significado/significante, en la que el significado se reduce a cadena de significantes, no puede haber autoría en sentido fuerte; el texto no se detiene, «se sostiene en el lenguaje». Sí puede haber escritura 🙂

Los libreros de Londres lograron las primeras «leyes» de copyright (Estatuto de Ana en 1710) porque necesitaban que el autor fuese propietario moral para poder hacerse con el derecho de explotación -por cesión- y usufructuarlo (Chartier). En el afaire de estos días, lo importante no es la autoría, es la comprensión de que esta lógica que produce derechos de propiedad para desplazarlos luego a la gestión de los monopolios económicos, es la misma que inició la imposición del autor-propietario. Si lo llevamos al campo de las patentes, entendemos que es una operación clave en la organización de la economía capitalista -cognitiva-.

El autor propietario es un «resto» que sobrevive por su funcionalidad en las dinámicas de mercado, un híbrido entre el sujeto moderno, la burguesía individualista emergente y el CMI Capitalismo Mundial Integrado-. Como decía el gran Brea, el mundo del arte no atravesó el proceso de secularización necesario, y esto es porque las condiciones político-económicas fueron otras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*